En tiempos del MS-DOS, cuando querías desinstalar una aplicación, solía ser muy sencillo: borrabas el directorio en el que estaban todos los ficheros de la aplicación y ya está. Tal vez, como mucho, tenías que repasar el
AUTOEXEC.BAT por si esa aplicación había hecho alguna modificación. En tiempos de Windows 3.1, cuando instalabas una aplicación, en la inmensa mayoría de los casos, no había ninguna opción para desinstalarla, y seguir con la costumbre de MS-DOS de eliminar el directorio, a menudo dejaba muchísimos rastros detrás, tal vez en el
SYSTEM.INI, tal vez en el
WIN.INI, o tal vez en el registro de windows que, sí, en Windows 3.1 ya existía. De modo que la necesidad de estar reinstalando el Windows 3.1 frecuentemente si queríamos tener todo bien limpio era bastante alta.