Empezaré reconociendo que nunca entendí muy bien por qué al voto electrónico se le llama "electrónico" (tampoco entiendo muy bien por qué se le llama "voto", pero ése es otro cantar). Podía habérsele bautizado de otra manera... "digital", "computarizado", yo qué sé...
Pues bien; tengo que admitir mi error. El nombre "voto electrónico" le cuadra perfectamente a un sistema en el que se culpa a la electricidad estática de la inexplicable aparición de 1.500 votos extra en las pasadas primarias del distrito de Columbia (EE.UU).
Jack Evans, un miembro crítico con el apaño del comité electoral correspondiente, lo ha explicado de una forma muy gráfica:
¿Quieren ustedes decir que si me froto los zapatos mientras voy a votar puedo alterar todo el sistema de votación del distrito de Columbia y en consecuencia el de toda la nación?
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