No me dedico profesionalmente al diseño de páginas web, pero he creado varias con resultados bastante razonables (aunque sea yo el que lo diga). Sin que pueda decir que soy un experto en HTML, CSS, JavaScript o DHTML, son tecnologías que no me resultan desconocidas y, en realidad, es un mundillo que me gusta bastante, aunque reconozco que es necesario dedicarle mucho tiempo para no quedarte obsoleto y seguir controlando las tecnologías web punteras. También he de reconocer que se me da mucho mejor la parte de escribir código y hacer la infraestructura de la página que la parte de pensar en colores, editar imágenes y decidir el aspecto final.
Tras haber usado durante algún tiempo Netscape 3 y 4 (Internet Explorer no lo usaba casi nadie por aquel entonces), mi primer contacto serio con el mundillo del diseño web fue en 1997. En 1997, año en el que salió el Internet Explorer 4 (aunque no se popularizó hasta que el Windows 98, que lo llevaba integrado, se extendió), recuerdo que era muy fácil hacer una página web que se viera bien en Netscape y en Internet Explorer. La última moda era diseñar las páginas con frames y muchas tablas para definir el diseño de la página. El CSS aún no lo usaba nadie, pero ya comenzaba a tener soporte parcial en los navegadores.
Luego vino la época en la que las páginas requerían “navegadores versión 4 o superior”. Los navegadores 3 dejaron de utilizarse completamente y, como leemos en browser wars, era frecuente que las páginas tuvieran un logo de “best viewed in Netscape” o “best viewed in Internet Explorer”, y ahí comenzó el problema de que era difícil conseguir que una página se viera bien en todos los navegadores.