“Difícilmente puede encontrarse un espíritu de investigación científica que carezca de una religiosidad específica, propia. Sin embargo esta se diferencia de la del hombre ingenuo. Para este, Dios es un ente en cuya solicitud se tiene esperanza, y temor de su castigo —sublimado sentimiento de la relación entre padre e hijo—, un ente con el que se establece, en cierta medida, una relación personal.
Pero el investigador esta impregnado por la causalidad de todos los hechos. El futuro no es ni menos importante ni esta menos determinado que el pasado. Para él la moral no es una materia divina sino puramente humana. Su religiosidad se apoya en el asombro ante la armonía de las leyes que rigen la Naturaleza, en la que se manifiesta una racionalidad tal, que en contraposición con ella toda estructura del pensamiento humano se convierte en insignificante destello. Este sentimiento es la razón principal de su vida, y puede elevarlo por encima de la servidumbre a los deseos egoístas.
No hay duda de que este sentimiento esta muy allegado al que colma los caracteres creadores y religiosos de todos los tiempos.”
Mi visión del mundo. Albert Einstein