En 2006,
la UE abrió una consulta pública sobre RFID. Unos meses después se hizo público
el resultado de esas encuestas: miles de respuestas y
más de la mitad de los encuestados afirmaron desconfiar de la seguridad de la tecnología y exigían (ya en 2006) una
regulación que detallara qué información podían incluir estos chips y cómo podía usarse.
Bien, un año y medio después,
en febrero de 2008, la UE no ha regulado al respecto de la RFID más que los usos que tendrán las distintas regiones del espectro: todo lo que han hecho ha sido repartir la tarta entre militares, resto de instituciones públicas y empresas.
¿Sobre privacidad? Nada.
Y ahora
la UE dice que va a buscar mayor privacidad en la RFID (
Europa.eu via
Ars).
Se estarán preguntando
qué plan maestro ha trazado la UE para obtener seguridad y privacidad de una tecnología intrínsecamente insegura. ¿No se lo imaginan?
La UE ha plantado en su página una nueva consulta. Seriamente, suena a burla. ¿Todo lo que se les ha ocurrido en casi dos años es repetir una encuesta?
Podría parecer que no han hecho nada y que no han pensado en este asunto pero es mentira:
si esta encuesta les da unos resultados mejores (eso lo tienen fácil) que la de hace dos años, aunque esta mejoría sea insignificante,
la táctica del inmobilismo y de dejar el vacío legal para verlas venir se estará confirmando exitosa.
El desarrollo de tolerancia hacia las tecnologías de control reside en estos lapsos largos de tiempo con que se hace todo en esta materia: el tiempo ahoga las críticas y les da la razón; ellos lo saben y juegan a dilatarlo antes de tomar ninguna medida.
No dirán que no se lo hemos puesto fácil, desde este blog hemos trabajado por ellos y lanzado incluso una
propuesta de ley ideal sobre RFID.
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