El pasado 2007 fue el año por excelencia de la industria de los ordenadores portátiles, alcanzando unas dimensiones que hace tan sólo unos años eran casi de ciencia_ficción. Pero también esto ha traído consigo una serie de desventajas para el gigante del software privativo, Microsoft. El hecho en sí es bastante simple: se trata de que en estos ordenadores, como es lógico, las prestaciones que se incluyen son algo inferiores que en los tradicionales de sobremesa, lo que los hace, en cierta forma, inadecuados para el polémico Windows Vista. Esto, unido a que las ventas de portátiles han sobrepasado a los de sobremesa (un dato que confirma esto es que, por ejemplo, la marca HP ha sido la que más unidades ha vendido, obteniendo como principal fuente de ingresos, precisamente, los ordenadores portátiles), ha servido para que tanto Linux como Windows XP se retomaran con fuerza, en contra de lo que se esperaba en Microsoft tras el lanzamiento de su nuevo sistema operativo.
Así, y con lo que se nos viene en los próximos tiempos, parece que cada vez son más los que se convencen de la superioridad de Linux como sistema operativo “todoterreno”, ya que la opción “equivalente”, XP, tiene unas desventajas superadas ampliamente por su contrincante libre. De hecho, se está convirtiendo casi en una norma la instalación de Linux en portátiles de bajo coste del tipo de los OLPC, por ejemplo. Y es evidente que los resultados son inmejorables.
Parece que el software libre sigue en la lucha por la difusión de su filosofía allí donde otros fracasan. Puede que no tardemos mucho en ver un nuevo Windows diseñado específicamente para los portátiles de hoy día, pero a lo mejor Linux hará tiempo que habría tomado cierta ventaja… algo que ni Microsoft puede permitirse. Quizás estemos ante una nueva revolución tecnológica en la que, esta vez, se enarbole la bandera del software libre por encima de las demás.
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