Los asombrosos católicos

Este es un post fuera de tema, que no se asuste nadie. Me sorprendo al leer que algunos católicos se han tomado el rechazo a la charla de Benito XVI en la Universidad de Roma de la semana pasada como un acto de intolerancia; y se excusan citando a Voltaire y su «no me gusta lo que dices pero...» para disfrazar de intolerancia lo que no es más que la coherencia científica y universitaria. Vamos, que recurren de nuevo a esa falacia a la que tan bien acostumbrado están nuestros obispos y que disfraza de intolerancia lo que no es más que el trato igual, ajustado a protocolos de conversación, que recibe todo ser interesado en dialogar, que es lo que se hace en una universidad (y la iglesia no quiere dialogar sobre sus teorías).

Yo también voy a citar a Voltaire: si empezamos por creer cosas estúpidas, acabaremos por hacer cosas atroces. La iglesia católica y sus fieles llevan miles de años creyendo cosas estúpidas increíbles, lo cual ha dado a los primeros (jerarquía eclesiástica) poder para hacer cosas atroces y manipular el mundo con el consentimiento de los segundos (fieles), que veían como algo lógico las atrocidades que se cometían en nombre de dios. En españa, la última atrocidad eclesiástica, de la que no reniega la jerarquía (en contradicción con la población, que no quiere ni oir hablar de esos asuntos turbios ni nada que se le parezca), fue el apoyo a un régimen no democrático con miles de muertos en su haber.

Sucede que la universidad y los museos son templos de conocimiento, sin duda lo más divino a que podemos aspirar los que no creemos en los cuentos sobre estúpidos poderes sobrenaturales heredados de los granjero de asia menor que vivieron hace miles años. Dicen que somos intransigentes por no dejar que el Papa entre a un sitio donde impera el conocimiento a hablar sobre sus teorías fantásticas, cuando todo lo que pedimos es una simple prueba de sus teorías, exactamente lo que se pide a todo el mundo. Si no la tienen, no tienen nada que hacer en una universidad. A pensar y a decir cosas bonitas que no pueden refutarse (base de todo principio científico) puede uno irse a la plaza del pueblo, al teatro, o incluso al púlpito (algunos escogen esta asombrosa opción).

Supongo que ahora, como siempre, siguen viendo la paja en el ojo ajeno (hablando en sus términos, para que me entiendan). Porque donde yo veo un trato igual ellos ven intolerancia: el día que me dejen dar una charla sobre genética evolutiva en la capilla sixtina, entenderé lógico que el Papa derroche su charlatanería en el aula magna de mi templo, la Universidad. Mientras tanto, que hable en el salón de su casa. En los colegios (que son la escalinata que lleva a mi templo-universidad) no, en la Universidad tampoco: no es intolerancia, es coherencia.

[Nota: Editado para tachar un estúpidas y añadir un increíbles, que no quiero que nadie se ofenda y con la cosa del directo lo puse y quizá a alguien le podría sentar mal]


Noticia original: Versvs' Blog