«Porque una carrera académica pone a un hombre joven en una situación ciertamente embarazosa al requerirle la producción de publicaciones científicas en una cantidad impresionante -una seducción hacia la superficialidad que sólo los carácteres fuertes pueden soportar. La mayoría de ocupaciones prácticas, sin embargo, son de un tipo en las que un hombre con capacidades normales es capaz de hacer todo lo que se espera de él. Su existencia en el día-a-día no depende una iluminación especial. Si tiene profundos intereses científicos puede dedicarse a sus problemas preferidos además de hacer el trabajo que tiene que hacer. No debe estar atenazado por el miedo a que todos sus esfuerzos no lleven a ningún resultado. Le debo a Marcel Grossman el haber estado en una posición tan afortunada.»
- Albert Einstein, acerca de su trabajo en la oficina de patentes de Berna, donde desarrolló algunas de sus teorías más brillantes.
Parece un farol muy fácil de soltar a toro pasado, pero peguemos un repaso a los hechos. En 1905, Einstein publicó en el Annalen der Physik (Anales de Física, Fdo. Capitán Obvio), los siguientes artículos:
Evidentemente, lo impresionante no es el número de artículos (eso casi podría no importar, si fueran basura), sino la calidad de los mismos y las repercusiones de algunos de ellos en nuestro día a día. Todo eso publicó el mismo año, por algo en ocasiones se ha denominado a 1905 «el año maravilloso». Y para remate, todo eso lo hizo mientras aún trabajaba en la oficina de patentes de Berna, donde trabajó entre 1902 y 1909.
No sé si se entiende a dónde quiero llegar. Este post es para los becarios de investigación que puedan estar leyendo esto. Take it easy.
You have already tagged this post. Your tags: